Collage de Ana Ruiz sobre grabado de Goya "Chitón"

“Busqué trotaconventos qual me mandó el Amor

de todas las maestres escogí la mejor. (…)

Fallé una tal vieja qual avía meter,

artera e maestra e de mucho saber. (…)

Era vieja buchona de las que venden joyas:

éstas echan el laço, éstas cavan las foyas;

non hay tales maestras como estas viejas troyas,

éstas dan la manada: si hay orejas olas.

Como lo han a uso estas tales buhonas,

andan de casa en casa vendiendo muchas donas;

non se reguardan de ellas, están con las personas,

fajen con mucho viento andar las tahonas."

 

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor 

La alcahueta

La alcahueta[1]

Ávila, finales del siglo XIV (Baja Edad Media).

Salía cada mañana del arrabal, barrio situado en la parte occidental de la ciudad, en la zona de extramuros, la más baja e insalubre, cerca de donde se encontraban las industrias de tejidos y lanas, los talleres de curtidos y tenerías, negocios estos dedicados al lavado, teñido y curtido de pieles. Allí, en el sitio más despoblado es donde tenía su aposento Esther, la vieja medianera, el cual hacía las veces de mancebía. Desde allí caminaba a paso ligero para adentrarse intramuros, donde frecuentaba su clientela que día a día iba en aumento merced a su fama de curandera, reparadora de entuertos y males de ojo, vendedora de ungüentos, echadora de cartas, adivinadora del porvenir y cualquier oficio que se le demandara, pues de todo era maestra y a todos corría a complacer. De dominio público eran su correveidile, sus grandes atributos como alcahueta. En sus manos habían volcado su vida más de un desahuciado por la ley, a más de una había abortado, a no pocas había remendado el himen y a muchos contentaba amañando citas de enamorados. A todas las virtudes anteriores habríamos de añadir el arte de la astucia, la buena disposición e ingenio, la mentira piadosa; todas dotes muy importantes para el desarrollo de la red de confianza depositada en su persona, así como para la buena marcha del negocio y mayor beneficio de sus arcas.

arrabal

extramuros

insalubre

tenería

aposento

medianera

mancebía

intramuros

entuertos

ungüentos

correveidile

quarter

outside the wall

unhealthy

tannery

lodging

mediator

brothel

within the walls

wrongs

ointments

go-between

[1] La figura de "la alcahueta", también llamada celestina, trotaconventos, medianera, encubridora, soplona, tercera, chismosa, comadre, encandiladora, enredadora, correveidile… apareció en la literature española en "El Libro de Buen Amor", de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, (siglo XIII-XIV); después en "La Celestina" de Fernando de Rojas (siglo XV-XVI); y, por último, en "El Caballero de Olmedo" de Lope de Vega (siglo XVI).

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Tenía en su poder la llave de conventos y casas de nobles, de caballeros e hidalgos y de otros muchos que se hacían pasar por señores sin serlo. En cada una tenía asuntos que resolver, recados que llevar, pócimas que vender, virgos que reparar, amores no correspondidos que amañar, y otras muchas encomiendas que la mantenían ocupada la mayor parte del día. Tampoco hacía asco de las casas más pobres de la ciudad si de ellas podía sacar provecho. A todos atendía y de todos obtenía su migaja, o su hogaza si la suerte acompañaba.

hildalgos

pócimas

virgos

amañar

migaja

hogaza

nobleman

potions

virginity

to fix

crumb

loaf of bread

Aquella mañana tenía pensado pasarse primero por los aposentos del hidalgo Covaleda, el cual le había solicitado ayuda para que su señora quedara encinta. Hacía ya año y pocos meses desde que se desposaran y todavía no había dado fruto su matrimonio. Covaleda estaba unido en nupcias con la única heredera de la casa de los Montalvo, familia arraigada en la ciudad y dueña de las tierras lindantes a la Sierra de Gredos. 

quedara encinta

desposaran

lindantes

to get pregnant

they had married

bordering

Llevaba en la cesta de mimbre todos los encargos del día: polvos para colorear las cejas, pócima para la halitosis, mechón de pelo de virgen para pretendiente, pomada de savia de higuera para aliviar los callos, un talismán hecho con la flor de azahar para asegurar el éxito del primer encuentro entre enamorados; y, por último, lo más preciado, pues era el encargo del cual podría obtener más beneficio: un ungüento hecho de hojas de díctamo blanco para aplicar en forma de cataplasma, y un calzón de lana remojado previamente en agua de rosas, en la que había hervido un ajo; remedios ambos, pensaba ella, infalibles para que la dueña de la casa de Covaleda quedara encinta.

halitosis

mechón de pelo

savia de higuera

callos

díctamo blanco

cataplasma

quedara encinta

bad breath

lock of hair

fig tree sap

calluses

white dittany (rock lettuce)

poultice

would be pregnant

Una vez llegada al portalón de la casa, golpeó la puerta de madera maciza con la aldaba de bronce que colgaba de ella. En breve le salió a abrir un lacayo malencarado, a quien le faltaba el ojo derecho, el cual llevaba cubierto con un parche que llevaba atado a la cabeza; de su boca sobresalía un diente que por habitar solo en la lúgubre y oscura cripta, más bien tenía el estado de viudo; y remataba tan ilustre aspecto un andar irregular que le hacía inclinarse hacia un lado, ya que cojeaba del pie izquierdo. Sin mediar palabra -pues el hideputa[1] apartó la media mirada que le quedaba en cuanto la tuvo enfrente-, le hizo señal de que lo acompañara. Cruzaron el patio de armas y la dejó a la entrada de una puerta que daba a los aposentos del señor de la casa. Al poco vio que se abría la misma y que por ella aparecía el hidalgo Covaleda. Este era un apuesto mozo, de unos veinte y pocos años, alto para la media, de piel pálida tirando a cetrina, y delgado como si en aquella casa en vez de pasearse la abundancia, rondase el hambre. De esta guisa, Esther habló primero:

aldaba

lacayo malencarado

cetrina

de esta guisa

brass knocker

a badly faced footman

yellow skin

in this way

[1] Forma medieval de “hijo de puta”, e insulto por excelencia a las mujeres. Desde aquí hago una llamada de atención para que se deje de utilizar dicha expresión de una vez y para siempre.

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– En buena hora le halle y a su servicio quede esta pobre servidora, mi señor hidalgo Covaleda.

– Pero siéntese, madre, si no le importa que así la llame, pues de vuestra merced espero que, por sus buenas mañas, deme pronto un heredero.

– Sin duda difícil encomienda me trae por aquí, y lo difícil ya sabe que caro sale. Pues no dude, hijo mío, que si madre me considera, no dejaré yo de servirle como si de mi hijo se tratara.

– Dejemos pues los formalismos y tratémonos como madre e hijo ya que, si Dios quiere y me concede lo que yo tanto anhelo, le prometo una bolsa con su peso en oro. 

– Hijo mío, quede así el trato firmado y bien sellado, y si de aquí a un año no hubiera dado fruto mi remedio, resulte yo sin ganancia. Pero para empezar, considero justo que la mitad de ella me sea dada por adelantado, pues no vive una del aire, sino de los duros trabajos que la buena gente me requiere.

– Con este puñado de monedas, buen anticipo lleve, madre mía.

– No se hable más, pues ya conoce su merced el refrán de más vale pájaro en mano[1] …

Una vez establecido el precio y apalabrado el trato, le estuvo explicando el método y las visitas que tendría con su señora para que su ungüento, junto con la prenda interior, le dieran resultado. Y con este contento se despidieron.

buenas mañas

encomienda

su merced

contento

craftily

difficult task

your mercy

satisfaction

[1] “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, "A bird in the hand is worth two in the bush".

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Al cabo de un rato apareció otra vez en la puerta el malcarado y, de malas ganas, la condujo de nuevo esta vez hacia la salida; una vez atravesada la puerta le pareció oírle decir: “con el diablo vayas, vieja puta alcahueta”.

Por si acaso Esther, para evitar el mal de ojo del tuerto, le contestó:

 “Allá vayas, mal, de la parte del mar

Donde no canta gallo ni gallina,

Que no pares en esta casa ni en este hogar”[1]

malcarado

"con el diablo vayas, vieja puta alcahueta"

mal de ojo

grim-faced

"with the devil go, old ass whore"

evil eye

[1] "Esta fórmula era muy utilizada para el mal de ojo, algo habitual en el mundo medieval. Como curiosidad diremos que para que fuera efectivo se debía poner en un plato, de cinco en cinco granos de cebada, ruda y cilantro seco, aceite de enebro y cera derretida de una vela. Con esto hacían un sahumerio que se echaba en un plato con agua sobre la cabeza del doliente”. Fuente: Brujería en la edad media

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Una vez hallándose en la empedrada calle, consideró Esther el trato que había hecho con el hidalgo Covaleda y se dijo que no podía fallar y que en ello pondría todo su empeño, puesto que las ganancias eran sin duda mayores que todos los otros asuntos que le sustentaban, mayormente el de enmendar hímenes a doncellas que ha tiempo habían dejado la virginidad en algún camastro de enamorado, o en la venta de ungüentos y brebajes para la cura de herpes, pústulas o salpullidos.

empedrada calle

le sustentaban

camastro

brebajes

pústulas

salpullidos

cobbled street

supported her

ramshackle bed

concoctions

pustules

rashes

En eso íbase frotando las manos ante la próxima cita con la desposada de Covaleda, y entre los pechos sentía el dulce calor de las primeras monedas de oro. Isabel, que así se llamaba la dueña y señora de aquella hacendada casa, la recibiría de aquí a quince lunas. A Covaleda le había dejado claras instrucciones de cómo debía aplicarse Isabel los remedios antes mencionados.

quince lunas

fifteen moons

Esther pasó las quince lunas ocupada en sus idas y venidas, maquinando un encuentro aquí, tratando un mal de ojo acullá, preparando brebajes ponzoñosos para el aborto de doncellas, ocupándose de su “noble casa”[1] en la que nada en ella quedaba fuera de su jurisdicción. Durante el día, con el ajetreo de sus idas y venidas y la contabilidad de los maravedíes[2], apenas se acordaba del asunto de la preñez de Isabel; al llegar la noche, tumbada en su aposento, su imaginación anticipaba el resto de las monedas de oro que el hidalgo Covaleda le había prometido si su dueña Isabel quedaba encinta.

acullá

ponzoñosos

juriscición

ajetreo

encinta

yonder

poisonous

jurisdiction

hustle

pregnant

[1] “noble casa” refiere de forma irónica al lupanar que regenta Esther.

[2] El maravedí fue una antigua moneda española utilizada entre los siglos xii y xix, que también fue empleada como unidad de cuenta (fuente Wikipedia).


4 Maravedís de Pedro I de Castilla (1350-1369)

Bien sabía Esther las dificultades de tal misión porque, si bien las mujeres eran portadoras de la responsabilidad de engendrar y parir con dolor, nadie había cuestionado nunca que ellos tuvieran parte fundamental en ese mismo proceso y, mucho menos, ser los causantes directos de que la fecundación no se produjera. Esther era conocedora de todo ello, así como del riesgo que corría su vida si ponía en duda la capacidad fecundadora del varón[1].

Pasaron las quince lunas y Esther tuvo su primer encuentro con Isabel. Esta le contó que, en su año y dos meses de desposada, apenas había yacido con su esposo en un puñado de ocasiones y que, en estas, él no la había desvirgado, al menos no por el orificio que se esperaba, sino por el otro, más doloroso y apenas placentero. Y le continuó contando que cuando ella le había pedido que consumara su casamento, Covaleda no había sido acertado en el intento, aunque así él lo pensara.

desposada

había yacido

married

he had laid

[1] Durante siglos hubo teorías enfrentadas, por ejemplo, Hipócrates (S. V, VI antes de Cristo) afirmaba que el embrión era fruto de dos espermas, el de la mujer y el del hombre; sin embargo, Arístóteles (S. IV a. C) pensaba que el embrión es fruto del hombre y que la mujer era solo el recipiente del mismo.

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Esther se hizo cargo inmediatamente de la nueva situación, en su larga experiencia había tenido conocimiento de casos similares. En vano todas sus artimañas con las hierbas y ungüentos darían resultados si el hidalgo no hacía gusto por el sexo opuesto. Necesario era mantener la ignorancia de él y las apariencias de ellas. Acordaron un plan: seguirían con las visitas y el tratamiento, mientras tanto, Esther acordaría una fecha para declarar el embarazo. Poco a poco, con el paso de los meses le ayudaría a hacer crecer la falsa barriga y, una vez llegado el momento del parto, le traería un bebé recién nacido de alguna de sus pupilas. 

artimañas

apariecias de ellas

tricks

the women's appearances

Contenta quedaba Isabel con el apaño, puesto que nunca había sentido gran inclinación por quedarse encinta y, por otra parte, tampoco echaba en falta que su esposo yaciera con ella. Suficiente era saberse su cónyuge y para otros menesteres le bastaba la compañía de su madre, sus hermanas y otras mujeres conocidas. Sabía del peligro que engendrar y parir suponía, en demasiadas ocasiones había oído comentar cómo habían fenecido en el parto mujeres de toda clase social.

apaño

fenecido

solution

died

A los dos meses del “tratamiento”, Isabel dio señal de estar en estado de buena esperanza. El hidalgo Covaleda, lleno de orgullo, se mantuvo alejado de los aposentos de su señora tal como era esperado, pues yacer juntos cuando la esposa estaba encinta suponía peligro de malograr el feto. 

Esther, mientras tanto, ponía gran esmero en el cuidado de una de las “doncellas” de la mancebía, la cual recién había quedado preñada. Esther le prometió que si tenía a la criatura sería recompensada económicamente, además, ella en persona se ocuparía de que el vástago fuera a parar a ilustre casa[1].

vástago

ilustre casa

offspring

illustrious house

[1] Aquí tenemos un ejemplo precursor de comercialización del vientre de la mujer, lo que se conoce eufemísticamente como “gestación subrogada”.

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Organizaron todo de tal forma que, pasados los nueves meses, hicieron coincidir el alumbramiento de la moza de la mancebía con el “parto” de Isabel. Esta había tomado como dama de compañía a una mujer de confianza de Esther y, por medio de ella, la alcahueta estaba al tanto de cómo marchaban todos los asuntos de la casa del hidalgo. 

Llegado el esperado día, Esther mandó recado de que empezaran a preparar todo para el parto, y así acordaron que esperarían a que hubieran salido Covaleda y el criado, pues ambos se ausentaban cada día a atender los negocios del primero. Una vez los dos ausentes, entraron al recién nacido sin la menor dificultad o sospecha. También llevaron una bolsa llena de sangre de cerdo para empapar los paños con los que simular el parto de Isabel.

Arribada esta historia a su final, diremos que solo un pequeño detalle no salió como esperaban, ya que la “doncella”[1] de la casa de Esther había parido niña. Detalle insignificante para Isabel que pensó que así tendría buena compañía y apoyo en la vejez. Covaleda, sin embargo, quedó desencantado pues solo podía ser varón el heredero, pero pensó que eran jóvenes y que ya tendrían tiempo de engendrarlo. Por su parte, la fama de Esther se extendió aún más por los barrios de aquella ciudad. Y colorín colorado … este cuento con triquiñuela ha terminado.

colorín colorado este cuento se ha acabado

triquiñuela

and they lived happily ever after

trick

[1] “Doncella” lo venimos escribiendo entre comillas porque en realidad se trata de una de las mujeres prostituidas de la mancebía de Esther.

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Preguntas para trabajar el texto.

  1. ¿Qué sabes de la figura de la Celestina en la literatura española?
  2. ¿Cómo podrías definir el personaje de Esther?
  3. ¿Cuál es tu posición sobre los vientres de alquiler?  
  4. ¿Te parece una historia verosímil?
  5. ¿Podrías mencionar al menos cinco sinónimos de alcahueta?
  6. ¿Sabías que en la baja Edad Media - s. XIV-XV - hubo una gran crisis en toda Europa?

Bibliografía: 

“La magia en la literatura: magas, brujas, hechiceras” de Clara María Molero, Universidad de Alcalá

“La mujer judía en la España medieval” de Enrique Cantera Montenegro 

“Oraciones y formulas tradicionales en Yecla” de Juan F. Jordán Montés, en Revista Murciana de Antropología, n.1, 1994


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By Ana Ruiz
April 21, 2019


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