Rodrigo González (personaje ficticio). Año 1998.

La historia que les voy a contar, por increíble que parezca, no es inventada sino tan verdadera como que me pusieron de nombre Rodrigo. Nací en la ciudad de Toledo a mediados del siglo y soy la cuarta generación de una familia de artesanos espaderos toledanos, también soy propietario del último taller de forja que queda en esta ciudad. 

Mi tatarabuelo fue aprendiz de un maestro forjador, el cual heredó el oficio de su padre, y este a su vez del suyo, así hasta el principio de los tiempos de esta muy noble ciudad toledana, tierra de artesanos y traductores, de agricultores y reyes. 

Cuando el forjador para el que trabajaba mi antepasado envejeció, le transfirió el taller por una cantidad simbólica, pues como a un hijo lo quería al no haber tenido descendencia. Ambos habían pasado juntos muchos años de trabajo en la forja, y tenían un trato más de padre e hijo que de jefe y empleado.

Ahora, ese mismo taller de más de doscientos años, es uno de los últimos que quedan en esta ciudad. Antes, no hace tanto tiempo, había numerosos y pequeños talleres especializados en los distintos aspectos de la fabricación de los aceros: el taller de los forjadores, el de los pulidores, el de los grabadores, cinceladores, montadores ... ; cada uno formando parte de una cadena de producción artesanal única. 

Desde hace mucho tiempo yo me ocupo de todo el proceso hasta el resultado final. (Digresión aparte, no tengo más remedio que contarles que esto es debido al desinterés de la administración por conservar el oficio, que unido a la competencia china que exporta a España espadas chino toledanas a precio de tienda de todo a cien pesetas, nuestro oficio se muere sin remedio). 

Rodrigo González (fictional character). 1998.

The story I am about to tell you, as incredible as it may seem, is not make-believe. Rather, it is as true as the fact that I was given the name Rodrigo at birth. I was born in the city of Toledo at the midpoint of this century, and I am the fourth generation of a family of Toledan swordsmiths. I am also the owner of the last forge left in this city.

My great-great-grandfather was apprenticed to a master forger who had inherited the trade from his father, who had, in turn, learned it from his father, and so on, right back to the earliest times of this most noble city, in the heart of a land of craftsmen and translators, farmers and kings. 

When the forger for whom my forebear worked grew old, he handed the workshop over to him for a symbolic amount, for he loved him like a son, having no descendants of his own. The two had spent many years working together in the forge, and they treated each other more like father and son than boss and employee.

Now, that same workshop, more than two hundred years old, is one of the last remaining in this city. Before – not so long ago – there were many smaller workshops specializing in the different aspects of bladesmithing: the forgers’ workshop, the polishers’ workshop, the workshop of the engravers, chisellers, fitters and so forth, each forming part of a unique chain of artisanal production.

For a long time now, I have taken charge of the whole process myself, right up to the final product. (As an aside, I have no choice but to tell you that this is due to the administration’s lack of interest in preserving the trade. Between this indifference and the competition from China exporting Chinese Toledan swords to Spain at discount store prices, our trade is dying helplessly.) 

Pues como les iba diciendo – y aquí viene lo inverosímil – me encontraba hace poco en el pequeño cuartucho que hay detrás del taller – especie de cuchitril donde se guardan las herramientas y otros utensilios necesarios para la fundición de aceros – cuando fui en busca de unas tenazas; éstas se habían quedado atascadas entre dos moldes, de tal forma que al ir a sacarlas, tiré de ellas con tal fuerza que vine a golpear la pared que quedaba a mi espalda, causando un gran estruendo al ceder parte de la misma.

Asombrado por la facilidad con la que había cedido la pared, que yo pensaba de piedra y argamasilla, me asomé por el hueco que había dejado el golpe y vi que había una especie de caja metálica cerrada a cal y canto* con un candado de gran tamaño. Enseguida me di cuenta de que aquella caja no era de nuestros días, no solo por el aspecto oxidado de haber estado emparedada durante mucho tiempo, sino porque tenía un adorno en la cerradura que reconocí en otra que había visto en un baúl en casa de mis abuelos. La saqué, no sin antes haber tenido que romper un poco más de pared, pues aunque el orificio era grande, no lo era tanto como para que saliera la caja sin dificultad. 

La llevé directamente al taller y la emplacé encima del yunque, y con las mismas tenazas con las que había golpeado la pared y ejerciendo mucha menos fuerza de la que había aplicado para sacarlas de entre los moldes, el candado cedió fácilmente. Lo que encontré dentro fue la mayor sorpresa que he tenido en mi vida. 

*La expresión estar cerrado a cal y canto, es una frase del idioma español que significa que una puerta está firmemente cerrada y que no se podrá abrir fácilmente. La expresión proviene de hace muchos siglos, cuando las puertas y ventanas se cerraban o tapiaban, para impedir el acceso a las viviendas.

 

Well, as I was saying, not long ago – and here comes the unbelievable part – I was in the little room behind the workshop – a sort of hovel where the tools and other utensils required for forging the blades are kept – when I went in search of some tongs. I found that they had got stuck between two moulds, so that when I went to take them out, I pulled with such force that I fell back into the wall behind me, causing a great clatter as a part of it gave way.

Amazed by the ease with which the wall, which I had thought made of stone and mortar, had yielded, I looked into the hole that was left where I had struck it and saw there a kind of metal box, hermetically shut with a large padlock. I soon realized that this box was not of the present day, not only because of its rusty appearance for having been walled up for a long time, but because it had an adornment on the lock that I recognized from a similar one that I had seen on a trunk at my grandparents' house. I took it out, not without first having to break the wall a little more, for although the hole was large, it wasn't quite large enough for the box to come out without difficulty.

I took it straight to the workshop and placed it on top of the anvil, and using the same tongs with which I had hit the wall, and exerting much less force than I had applied in pulling them out from between the moulds, the lock gave way easily. What I found inside was the greatest surprise I have ever had in my life. 


Friso de Guarrazar

Escolástica Morales y su familia (personajes reales). Siglo XIX.

Corría el año de nuestro Señor de 1858, recuerdo perfectamente que era un miércoles 25 de agosto porque ese día había tenido una prueba preparatoria, la última que me faltaba para poder ejercer de maestra, cuando volvía andando desde Toledo en compañía de mi madre, mi padrastro y de nuestro burro que hacía las veces de animal de carga, alternándonos en su cansado lomo a mi madre y a mí. Nos dirigíamos a nuestra casa en Guadamur después de una larga jornada. El día anterior había llovido copiosamente y el aguacero había dejado un camino lleno de fango y lodo.

Al llegar a mitad del mismo, a la altura de Guarrazar, hicimos un alto al lado de una fuente natural de la que emanaba agua – entre los mayores del pueblo corría la leyenda que esta había sido milagrosa en algún momento perdido en la historia. En ese mismo lugar habíamos repostado y reposado muchas veces, pues el agua era de tan milagrosa potable y aprovechábamos para rellenar la botija y dar un bocado; pero en esta ocasión teníamos más necesidad que nunca por la dificultad que nos suponía el avanzar por el mal estado del camino.

En nuestro reposo andábamos, cuando la necesidad me llevó detrás de una valla de poca altura hecha de piedra. Ya en cuclillas vi que algo relucía medio escondido en el barro. Le di alcance y cuál fue mi sorpresa al comprobar que era una piedra azulada del tamaño de un guijarro.

Escolástica Morales and her family (real people). 19th century.

It was the year of our Lord 1858, and I remember perfectly that it was a Wednesday, August 25, because on that day I had taken a preparatory test, the last one left before I could work as a teacher, when I was returning on foot from Toledo in the company of my mother, my stepfather, and our donkey, which served as a pack animal, my mother and I taking turns on its weary back. We were on our way back to our house in Guadamur after a long journey. The day before it had rained heavily, and the downpour had left the road covered in mud and sludge.

When we were halfway along the road, at Guarrazar, we stopped by a natural spring from which water was flowing – among the elders of the village there was a legend that this water had been miraculous at some moment now lost in history. We had replenished our supplies and rested many times in this same place, since the water was so miraculous that it was drinkable, and we would take the opportunity to fill up our water jug and drink a mouthful; but on this occasion we needed it more than ever because of the difficulty we had had in travelling due to the poor state of the road.

During our rest, a certain bodily necessity led me to walk around behind a low stone fence. While I was squatting, I saw something shining half hidden in the mud. I reached out my hand and, to my great surprise, found myself holding a bluish stone the size of a pebble.

Mis padres acudieron inmediatamente cuando me escucharon gritar sus nombres, con el pensamiento de que me estaba sucediendo algo grave. Entre los tres retiramos el lodo y vimos que había una especie de cofre de argamasa de unos 70 centímetros de largo y de más de un metro de profundidad, cuya tapa había quedado ligeramente desplazada, pensamos, a causa de la tormenta, igual que la tierra que lo había protegido durante años. La retiramos un poco más y junto a un puñado de restos humanos, el pequeño sarcófago estaba lleno de piedras como la que había encontrado momentos antes y otros objetos que tal como aparecían llenos de fango, no podíamos reconocer. Tomamos lo que pudimos y, por no cargar más al pobre burro, decidimos volver a recoger el resto a la caída de la noche, cuando las miradas curiosas ya se hubieran retirado a dormir.

Antes de guardar las piezas que rescatamos, las llevamos a la fuente a lavar, y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que habíamos descubierto un increíble tesoro de coronas de oro, copones, cálices, cruces, perlas, nácar, cetros y piedras preciosas. Con los serones cargados con nuestras alhajas, volvimos a casa y estuvimos descansando y reponiendo fuerzas hasta que llegara de nuevo la hora de partir a recuperar lo que, sin ninguna duda, consideramos nuestro. 

My parents came immediately when they heard me shouting their names, thinking that something awful was happening to me. Between the three of us we removed the mud and saw that there was a kind of mortar box, about 70 centimetres long and more than a metre deep, the lid of which had been slightly displaced, by the storm, we thought, just like the earth that had protected it for years. We drew it out a little further, and along with a handful of human remains, the small sarcophagus was full of stones like the one I had found moments before, as well as other objects which, muddied as they were, we were unable to recognize. We took what we could, and so as not to burden the poor donkey any more, we decided to go back to collect the rest at nightfall, when prying eyes would have retired to rest.

Before putting away the pieces we had salvaged, we took them to the spring to wash. It was then that we realized that we had discovered an incredible hoard of gold crowns, ciboria, chalices, crosses, pearls, mother-of-pearl, sceptres and precious stones. With our baskets loaded with jewels, we returned home and spent a while resting and replenishing our strength, until it was time to go out again and recover what, without a single doubt in our minds, we considered ours.

Domingo de la Cruz, vecino de Guadamur y agricultor (personaje real)

A la caída de la tarde, sin muchas ganas debido al aguacero del día anterior, me había acercado a las tierras en las que trabajaba para ver si aquel había dañado los cultivos. En estas andaba recogiendo los aperos para regresar a casa cuando me llamó la atención la débil luz de un quinqué que chispeaba no muy lejos de donde me encontraba, y por miedo a que se tratara de una cuadrilla de criminales escapados de prisión o algo peor, me quedé en el chamizo donde solía resguardarme de las lluvias y otros contratiempos atmosféricos que a veces me obligaban a interrumpir la labor del campo. La distancia no era grande pero hacía noche oscura y no me permitía distinguir los movimientos de los que, sin ninguna duda, eran más de dos. No tuve que esperar tanto ya que, al cabo de un rato, la luz y los que iban a su sombra, empezaron a desaparecer en el horizonte, hacia la misma dirección por la que había venido yo un par de horas antes. Me acerqué con mi quinqué a revisar el lugar exacto donde habían estado escarbando la tierra. Vi, efectivamente, que el suelo había sido removido y, sin pensarlo dos veces, desandé los pasos para ir a recoger mi azada y seguir apartando el lodo. No me costó mucho encontrar el arcón que sin duda era la causa de los visitantes nocturnos; y ya decidido a saber si allí había algo más, continué excavando hasta que di con un segundo de la misma hechura y composición del primero. 

Al abrirlo, y a pesar de la poca luz que me alumbraba, pude observar que era una especie de arcón de argamasa y de pequeño tamaño. Metí en el saco que llevaba todo lo que contenía y sin pausas me dirigí a casa.

Domingo de la Cruz, resident of Guadamur and farmer (real person)

At twilight, without feeling much like it because of the previous day's downpour, I had visited the land where I was working to see if the crops had been damaged. There I was gathering up my tools in readiness to return home when my attention was caught by the faint light of a lamp twinkling not far off, and, fearing that it might be a gang of criminals who had escaped from prison, or something worse, I stayed in the shack where I used to take shelter from the rain and other atmospheric troubles that sometimes forced me to interrupt my work in the fields. The distance was not great, but it was a dark night and I could not distinguish the movements of those people, of whom there were, without any doubt, more than two. I didn't have to wait very long because, after a while, the light and those following in its shadow began to disappear on the horizon, in the same direction from which I had come a couple of hours earlier. I went over with my lamp to check the exact place where they had been digging in the earth. I saw, indeed, that the ground had been disturbed, and without thinking twice, I retraced my steps to go and get my hoe and carry on scraping aside the mud. It did not take me long to find the chest which was undoubtedly the cause of these nocturnal visitors; and, now determined to find out if there was anything else there, I continued digging until I found a second one, of the same make and composition as the first.
 
When I opened it, and in spite of the little light that illumined it, I could see that it was a kind of chest, made of mortar and small in size. Without pausing, I put everything it contained into the sack I was carrying and went home.


Toledo visigodo

Fructuoso de Fuensalida, abad del monasterio de Santa María de Sorbaces, (personaje ficticio). 

Final de la época visigoda, siglo VIII, año 711.

Me encontraba rezando en la capilla de la basílica cuando escuché el retumbar metálico de pasos firmes y presurosos que se acercaban hacía mi. Acababa de llegar a caballo un mensajero de la corte y me urgía que le llevara a lugar seguro pues tenía encomienda del obispo de Toledo ya que de asunto urgente se trataba.

Le conduje a la cripta, y allí junto a las frías piedras de entre los muertos así me habló. El ejército musulmán dirigido por un caudillo bereber*, había derrotado en batalla al rey Rodrigo en las cercanías de Guadalete, y, como consecuencia estaban saqueando todo lo que se encontraban en su camino. Ahora, ya sin apenas resistencia, se dirigían hacia Toledo. En un apresurado intento de salvar lo que quedaba, los nobles y la curia de la iglesia habían decidido esconderlo a las afueras de la capital y en un lugar en el que nadie pudiera sospechar. 

Habían elegido Guadamur por tratarse de un sitio sacro, retirado de Toledo pero suficientemente cercano, y yo como abad tenía que encargarme de encontrar el lugar más seguro y discreto para esconder las coronas votivas y demás tesoros reales que estaban esparcidos por todas las iglesias y palacios del reino. 

*Táriq Ibn Ziyad fue un general, perteneciente a los bereberes Nafza, que dirigió la conquista musulmana de la península ibérica (Hispania visigoda), según la historiografía tradicionalmente admitida, basada en crónicas árabes de los siglos X y XI. El nombre Gibraltar es el derivado en español del nombre en árabe Jabal Tāriq o Jab al-Tarik (جبل طارق), que significa montaña de Táriq, nombrada así tras su desembarco en este lugar. (Wikipedia)

Fructuoso de Fuensalida, abbot of the monastery of Santa María de Sorbaces, (fictional character). 

End of the Visigothic era, 8th century, year 711.

I was praying in the chapel of the basilica when I heard the metallic resonance of firm, hurried steps coming towards me. A messenger from the court had just arrived on horseback and he beseeched me take him somewhere safe, for he bore news from the Bishop of Toledo on an urgent matter.

I led him to the crypt, and there by the cold stones among the dead he spoke to me thus: The Muslim army, with a Berber leader at its head, had defeated King Rodrigo in battle not far from Guadalete, and, as a result, the invaders were plundering everything in their path. Now, with barely any resistance, they were heading for Toledo. In a hasty attempt to save what was left, the nobles and the Church curia had decided to hide what they could on the outskirts of the capital in a place no one would suspect.

They had chosen Guadamur because it was a holy place, somewhat removed from Toledo but not too distant, and I, as abbot, had to find the safest and most discreet place to hide the votive crowns and other royal treasures that were scattered throughout all the churches and palaces of the kingdom. 

Durante la semana siguiente tuvimos la visita de prelados y otros miembros de la corte, iban acompañados por soldados para protegerlos y evitar el asalto en los caminos. Una vez nos comunicaron que ya no quedaba nada más por llegar, nos dirigimos a donde pensé ningún diablo cristiano, judío o musulmán imaginara encontrar un tesoro. El cementerio quedaba en la parte de atrás de la basílica y junto a la capilla. Allí, con la ayuda de dos jóvenes frailes de confianza, desenterramos dos sarcófagos que contenían los restos de dos hermanos; entre sus beatos restos pusimos las coronas votivas, los cálices y copones, las cruces de oro recubiertas de gemas y esmeraldas y volvimos a cerrarlos y enterrarlos de nuevo hasta que llegara el momento de desenterrarlos y devolverlos a sus iglesias y palacios. Ese día nunca llegó.

 

Throughout the following week we were visited by prelates and other members of the court, accompanied by soldiers to protect them and prevent them from being attacked on the roads. Once we were told that there was nothing more to come, we went to where I thought no Christian, Jewish or Muslim devil would ever dream of finding a treasure. The cemetery was at the back of the basilica and next to the chapel. There, with the help of two young friars in whom I trusted, we unearthed two sarcophagi containing the relics of two brothers; among their blessed remains we placed the votive crowns, the chalices and ciboria, and the golden crosses covered with gems and emeralds, and we shut them up and reburied them, until the time had come to dig them up and return them to their churches and palaces. That day never came.

 

Notas sobre la historia.
Quizás uno de los descubrimientos más fascinantes del siglo XIX, el tesoro de Guarrazar se pierde desde el primer momento de su descubrimiento en la mala gestión de las autoridades. Aún así, es casi un milagro que nos haya llegado a nuestros días parte del legado de la España visigoda. Lo que queda de el tesoro se encuentra en la actualidad en tres instituciones: el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, el Museo de Cluny en París y el Palacio Real de Madrid.

Os animo encarecidamente a investigar más profundamente esta fascinante historia. Lo que aquí se cuenta tiene una base real, el resto se debe a la imaginación de la autora. 

Aquí os dejo algunos enlaces que os pueden ayudar en la búsqueda de esta historia.

https://guarrazar.com
https://www.abc.es/toledo/ciudad/20141215/abci-espada-artesana-toledo-especie-201412141953.htmlhttps://es.wikipedia.org/wiki/Tesoro_de_Guarrazar
https://www.efe.com/efe/espana/cultura/la-historia-de-como-se-descubrio-el-gran-tesoro-visigodo-hace-hoy-160-anos/10005-3729514
https://marcopolito56.wordpress.com/historia/el-tesoro-de-guarrazar/

 

Historical note.
Perhaps one of the most fascinating discoveries of the 19th century, much of the Treasure of Guarrazar was lost almost as soon as it was rediscovered amid the mismanagement of the authorities. Even so, it is almost a miracle that a small part of the legacy of Visigoth Spain has reached us today. What remains of the treasure is currently found in three institutions: the National Archaeological Museum of Madrid, the Cluny Museum in Paris and the Royal Palace of Madrid.

I strongly encourage you to do further research into this fascinating history. What is told here is based on true events; the rest is the work of the author’s imagination. 

Here are a few links that may help you in your research about this story.


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